Sensibilidades
1 de marzo de 2010 7:00
Por Sergio Jaén Lara
Definir el espacio de lo sensible parece tarea no solo imposible sino también injusta, pues sus límites parecen ser propios de cada persona. Ésta podría constituir sin duda la respuesta mas tolerante y la menos pruriginosa, pero estoy seguro de que muchos otros argumentarán en su contra, hablando de una sensibilidad única y superior, elevada sobre el umbral de lo que la mayoría considera como sensible y resguardada también de lo incomprensible.
Mi correo aparece inundado todos los días de presentaciones de paisajes suizos en Primavera y de mariquitas sobre coloridas flores y me cuesta descifrar el atractivo que pudo encontrar en el remitente en estos archivos, de la misma manera en la que me costaba explicar el éxito de Médico de familia, en su momento.
Y es que no creo que haya nada peor que la sensibilidad mal entendida, comprobar como lo sensible ha sido identificado ,sin solución posible, con lo ñoño y lo algodonoso, apoderándose de su significado.
Si el ser alguien sensible depende de la muestra de fotografías de vagabundos fuera de un contexto o de gratuitas imágenes de enamorados haciendo manitas, el serlo no parece un objetivo atrayente, por su facilidad.
Por otro lado para evitar la sensibilidad plebeya, el hartista se refugia en lo críptico, lo incomprensible, lo histriónico y lo indefendiblemente anodino.
Lo obvio o su contrario, evitar estos extremos debería ser un objetivo, ni niños mocosos ni bosques iluminados por grandes luces para reflejar el devenir de Occidente. Ya avisó el poeta de que a quien se aleje del calor, lo único que le espera es la congelación; alejarnos de los referentes, del amor, la amistad, la familia,…, de la vida, anunciará la incomprensión y el ridículo, acercarse demasiado producirá quemaduras.
Aquellos que consigan moverse al filo del abismo sin perecer en él, los que consigan explorar el alma humana sin abandonar la capacidad de sugestión y de sorpresa, ellos serán los creadores de una obra atemporal que ya no les pertenecerá.
Y ahora seguiré limpiando mi bandeja de correo de estas amistosas presentaciones.
P.S. Me parece que Erwitt camina perfectamente en el límite de ese abismo.

Segio. A tu comentario, solo puedo decir… Amén.
cuánta razón. sobre todo con el concepto de “hartista”
Muy bueno, ya se esparaba con ganas una nueva entrada. Espero que sigais publicando cosillas como esta, un placer leerlos.
La primera cuestión es fácil, la mayor parte de la gente tiene un gusto convencional. Por eso lo llamamos convencional. Da igual la razón ¿falta de “educación”? ¿simplismo? ¿costumbre? ¿convenciones? Supongo que ante la ausencia de referentes y de cierta instrucción visual lo que te atrae es lo más primario, lo que evoca sensaciones de una manera más directa. Besos, algodón, montañas nevadas y niños con mocos.
Con el tiempo y a base de observar algunos necesitan algo más para sentirse interesados ¿no será que nos crece una “costra”? Cabría preguntarse si eso es una ventaja o todo lo contrario, al menos desde el punto de vista de ser consumidor de fotografía. Hace unos años me resultaba mucho más sencillo disfrutar viendo imágenes que ahora.
Saludos
Por artículos como éste es que foto36 es mi blog favorito! gracias y no nos dejes esperando tanto tiempo para una nueva entrega!
OLE por este magnifico articulo. Y animo con el blog que nos hace reflexionar mucho.
Salud.
Se me olvido decirte que muy acertada la foto que elegiste para ilustrar la reflexión, que ademas es de uno de los fotógrafos a los que mas admiro.
Suerte.
Lamentablemente hoy en día impera la sensiblería, que no la sensibilidad. Y ésto lo vemos tanto en la publicidad como en el arte, y de forma flagrante en el Cine.
y es que tomamos prestado todo. Deseamos pertenecer al grupo y obramos en consecuencia, qué importa – cuánto cuesta – el por qué de lo que hago, siendo tan fácil hacer aquello que otros hicieron y por tanto… El amaneramiento, la ausencia de autocrítica, el miedo a la duda. Mejor el ridículo conocido. Te veo como quieres que te vea y a cambio tú haces lo mismo. Es un acuerdo razonable y devastador. El ejemplo clamoroso del Romanticismo. Toda la potencia de ese movimiento (nada menos que vida obra muerte), hecho trizas en una puesta de sol (siempre la misma).
Tú eres de quién habla en el otro blog no?
el que firmó como Andres
Pues nada.
¿A qué o quién te refieres Carlos?
No entiendo que quieres decir.
Aquí te dejo mi mail, siento el entuerto, no iva contigo podemos hablar por mail cuando quieras.
De acuerdo Javier. Esta tarde mismo hablamos y lo dejamos todo claro.