El sentido vero

10 de enero de 2009 8:10
Por Sergio Jaén Lara

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Imaginemos la habitación de un hospital, uno cualquiera, uno de esos encargados con el fin de la tristeza, enmarcados en gris.
Un hombre joven que se sabe muerto alterna las horas en las que no dormita entre el ejercicio de la mirada a través de la ventana y el dolor.
A escasos metros de allí , en el edificio donde se suelen repartir las alegrías, hace unas horas que nació un bebé, uno precioso, un bebé hermoso de cuatro kilos, la piel rosada y la cabeza llena de pelo, uno de esos pocos a salvo de los comentarios de marujas malcaradas.
Estas dos historias, estos dos momentos tan diferentes que conviven en el tiempo se entrelazan mas allá. El abuelo está muriendo y el nieto nace, un abuelo nervioso por saber como va todo,  si su nuera está  bien y ha sufrido lo justo, si su nieto nació sano, por saber si  es llorón, si es rubio y fuerte como él.
Y ese nexo lo encontramos en una abuela que recorre apresurada los pasillos plagados de padres risueños, pasa por delante de la cafetería con insoportable olor a fritos y café malo, con una carpeta entre los brazos mirando hacia adelante para no ver ahora a los que vienen a despedir lo que mas querían, a los hijos que creen que su padre o su madre, está preparándose para viajar a un cielo que no imaginan.
Tantea el pomo que abre la tumba y forzando la sonrisa entra, apretando los dientes para no llorar al ver lo que queda del gigantón que fué. Con cuidado extrae de la carpeta una fotografía que nuestro hombre recoge  para su escrutinio pausado, disfrutando sin disimulo los detalles que le ofrece.
Aquel será su único contacto con su nieto, nunca lo verá, no tendrá tiempo.

Dejemos de imaginar entonces, por que lo que aquí se cuenta no hace mucho ocurrió.

12 Comentarios a El sentido vero

  1. wow!

    no sé qué contestar pero algo tenía que escribir.
    es una de esas historias que te ponen la piel de gallina y te deja un sentimiento un poco triste, pero a la vez te hace esbozar una sonrisa.

    está claro que muchas más veces de las que creemos, la realidad supera la ficción.

    un saludo.

  2. Somos entendidos de la fotografía, disertamos sobre ella, creamos discursos para su defensa o entierro, Fontcuberta nos habla de que una fotografía nunca es garantía de nada,…
    Todo eso está muy bien, pero aprovechando esta historia que todavía me estremece me apetecía discutir sobre el verdadero sentido de la fotografía, que puede no sea aquel que pretendemos darle sino a lo mejor el de aquellos que cuando ven una fotografía solo ven eso, una imagen plasmada, aquello a lo que se reduce todo.

  3. En mi humilde opinión, creo que la fotografia no debería verse (y de hecho no se ve) con los mismos ojos con los que el fotógrafo dispara y captura un momento.

    Puede que quien dispara quiera transmitir algo determinado, pero al final, quien da sentido a una toma es quien lo ve.

    Por eso, para mí, el sentido de la fotografía es el despertar algo en cada persona que ve una fotografía, dándole su propia interpretación.

  4. Y pensar las tantas veces que se repiten este tipo de historias…

    Impresionante!.

  5. me he quedado sin palabras y eso algo que no suele ocurrir. Impresionante.

    Felicidades por el texto.

  6. Sublime. La vida y la muerte se entrecruzan todos los días.

  7. Excelente reflexión, Sergio. Con una moraleja final, casi hubieras resumido la filosofía de la pequeña PYME que regento con mi mujer.
    Me vas a permitir una pequeña anécdota que nada tiene que ver con lo que antes has contado.
    Tengo 5 escaparates muy grandes en el estudio a los que no les da el sol en todo el día. Imagina, una pequeña sala de exposición al exterior.
    Cuando abrimos, puse fotos de trabajos que había hecho estudiando: fotos de modelos con pieles perfectas; de montajes en PS imposibles pero veraces a los ojos del que observaba; bodegones publicitarios impolutos y todas esas fotos que, estudiando, te dan un 9 o un 10 de nota.
    La gente las veía, a algunos les hacía gracias, otros miraban y pasaban… Y yo no entendía cómo fotos tan cojonudas, fotos de las que salen en revistas, no llamaban más la atención que el cartel donde reza el nombre de la tienda.
    A las tres semanas cambié el escaparate y puse, en uno de ellos, el de al lado de la entrada, dos cuadros grandes: en uno había enmarcada la primera puesta de mi hija al nacer, con su nombre y fechar troquelado en el paspartús, en el otro había una foto en grande de la niña, con dos tiras enmarcadas en tiras de negativo llena de fotos de la misma sesión, todas esas fotos las hicimos jugando en la cama un Domingo nublado.
    Sorpresa!!
    La gente se paraba, entraba y preguntaba precios.
    Ahora no hay, en mis escaparates, nada que no “obligue” al observador a identificarse. Lo que expongo es mi fotografía familiar, mi vida, bien enmarcada y presentada.

    A mis clientes no les importa cómo de guapas sean las chicas que enseño, o que la fruta de las fotos tenga formas geométricas inverosímiles.
    Mis clientes quieren esas fotos de álbum familiar, de recuerdos bonitos e inolvidables, con ese toque distintivo de calidad que se supone doy como profesional. De hecho, hago casi más domicilios que estudios…).
    Mis clientes sólo cuentan con lo que al final les doy en un sobre, en un álbum, en un marco pequeño o un marco caro y grande sin importarles quién o qué han dicho y/o escrito sobre la fotografía o la antropología de la imagen en el ser humano.

    Nosotros, los que vendemos fotos al pueblo, no sólo nos dedicamos a negociar con la imagen. Tiene que haber algo mas para que funcione. Esa pequeña e intensa historia que cuenta cada foto para ellos (los que las compran), como la que cuenta Sergio al principio, aunque, por lo general, sólo se quieren historias buenas.

    Un saludo.

  8. Gracias por compartirlo con nosotros.
    Es sobrecogedor

  9. Es bueno que una foto sirva para que el abuelo pueda ver a su nieto recién nacido antes de partir. Ese fue la primera función de la fotografía, ¿no? Poder mantener recuerdos.
    Buena entrada, pero que queda más completa con los comentarios posteriores.
    Un saludo.

  10. Impresionante, Sergio. La historia es un directo a la mandíbula a tanta conceptualidad mal entendida y a tanta deconstrucción requeteconstructa con pies de barro. La fotografía es una ventana abierta a voluntad, que desvela y refleja a quien la hace… y a quien la mira.
    Miguel Ángel, lo mismo te digo con respecto a tu experiencia. Es mucho más que una anécdota, es la propia realidad social imponiéndose. ¿Has pensado en colgar el “Diario de un obrero”?
    Un abrazo a los dos!

  11. Para los que tengan 10 minutos libres, os recomiendo encarecidamente visitar http://www.dayswithmyfather.com, espeluznante historia de un hijo y su padre enfermo vista con fotos (está en inglés). La mejor web que ví en 2008, y la única vez que he llorado estando en internet, que encuentro muy significativo.

  12. Un abrazo, enhorabuena y ánimo.

He leído y acepto las Condiciones de Participación (obligatorio).