25 de octubre de 2010 8:00
Por Sergio Jaén Lara

J. Alfred Prufrock, 2010. Eduardo Momeñe (c)
Mucho se habla del concepto de “educar la mirada” de hecho se está convirtiendo en el eslogan preferido para anunciar todo aquello relacionado con la impartición de talleres y cursos de fotografía, es decir, el siguiente escalón. El paso que normalmente sigue el fotógrafo que ya ha recibido suficientes cursos sobre focales, trípodes y uso del flash y que busca algo más, unas veces por inercia, otras veces porque su obra se ha estancado y necesita la luz que ilumine su abismo, o que lo evidencie, y la mejor de las veces porque necesita consejos que le ayuden a potenciar su capacidad creativa y expresiva, o simplemente sus ganas.
El problema es cuando se recurre a una fórmula publicitaria, y no hay nada detrás que la sustente.
“Mire usted, me he apuntado a este taller, nada barato por cierto, para que eduque mi mirada, la cuestión es ¿Qué es educar la mirada?” Encontrar ante esa pregunta, el silencio mas desolador, puede provocar (y para mas de uno así ha sido) una enorme desazón y vergüenza, incluso mas que rabia.
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1 de noviembre de 2008 4:43
Por Sergio de la Torre

Leí el otro día un comentario de Victoriano sobre sus fotos, o más bien, sobre sus espectadores y a quienes se dirigen las fotografías. Me ha sorprendido la rotundidad de la afirmación del título, supongo que por distar de lo que pienso. Veamos…
Partamos de la base en la que tenemos nuestra fotografía y un espectador. Es evidente que cada uno tendremos una opinión diferente de la imagen, pero, ¿por qué? Pues por cómo sómos, cómo pensamos, nuestros conocimientos, nuestro estado de ánimo, etc… En definitiva, por todo lo relativo a nuestra psique. Todo esto básicamente es sobre lo que trata el ensayo sobre la Teoría de la Equivalencia de Minor White. En definitiva:
Fotografía + Persona mirando = Imagen Mental
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10 de octubre de 2008 16:35
Por Emilio Hernández
Es conocida como proporción áurea, número de oro, sección áurea, proporción divina, etc. Sea cual sea el nombre que utilicemos siempre nos estaremos refiriendo en última instancia al misterioso número phi (1,618…).
Mi intención en este artículo es la de generar un debate sobre el efecto visual de la proporción áurea en la fotografía. Considerar si este fenómeno maravilloso y a la vez mágico del número phi puede interpretarse como una regla fotográfica a seguir o una simple ecuación matemática inevitablemente presente en el arte.
Pero, ¿qué es la proporción áurea? Dicho en una única frase, es la relación fantástica entre los números y la belleza.

Cuando al matemático griego Euclides le dio por trazar una línea y segmentarla de tal manera que cuando el segmento total es a la parte mayor como la parte mayor es a la menor, estaba cimentando una proporción geométrica que posteriormente se manifestaría constantemente.
A principios del siglo XIII fue el matemático italiano Fibonacci quien presenta una sucesión numérica con unas propiedades sorprendentes entre las que destaca la obtención del número de oro 1,618… Investigadores fueron luego encontrando esa proporción exacta en una infinidad de hechos naturales como la disposición y número de los pétalos de las flores, la distribución de hojas en un tallo, la distancia entre las espirales de una piña, la relación de distancias en las espirales de las conchas de los moluscos, etc, etc. Pero no sólo se descubrió esta proporción en la naturaleza sino que también se encontró en el ser humano, en la escultura, en la música, en la arquitectura y prácticamente en todas las facetas artísticas.
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19 de septiembre de 2008 12:33
Por Sergio de la Torre
Empiezo diciendo que el post trata sobre el mismo tema que el vídeo que véis arriba, que me parece absolutamente recomendable. Son 24 minutos sobre la intuición, y es totalmente extrapolable al ámbito fotográfico.
Estaréis conmigo en que la Fotografía tiene un componente no meditado, que en muchas ocasiones atribuímos a la suerte o a la casualidad. Pero, ¿hasta qué punto podemos seguros de esta atribución?
El acto fotográfico es tan complejo que es imposible controlarlo todo antes del momento del disparo. Ni en estudio, siempre hay algo que se escapa a nuestra percepción, al menos siendo conscientes. Si fueramos capaces de ésto, podríamos construir imágenes perfectas, o al menos de morir en el intento. En realidad sólo manejamos unas cuantas variables e ignoramos la mayoría. No sabemos cómo reaccionará la persona que tenemos delante, decidimos dónde podemos colocarnos simplemente viendo la situación, qué material vamos a usar, tampoco por qué decidimos esperar un poco más o por qué usamos tal o cual encuadre, aunque ciertamente todo esto haya funcionado muy bien. ¿Simple casualidad? Lo dudo.
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2 de marzo de 2008 19:03
Por Emilio Hernández

Hace apenas un año me encontré con este concepto fotográfico-artístico que atrapó mi atención e interés desde el primer instante. Miksang es una palabra tibetana que significa “buen ojo” y viene a estar teóricamente ligada a la fotografía contemplativa.
A través de la meditación se nos invita a realizar una percepción de las cosas y de la naturaleza en general diferente, libre de prejuicios y asociaciones ya aprendidas. Se trata de apreciar todo lo que nos rodea sin pensamientos subjetivos ni temores previos al instante de capturar la imagen.
El Miksang está basado en las enseñanzas Shambhala del maestro de meditación, artista y profesor budista Chögyam Trungpa Rimpoche. Según él, debemos dejar de luchar por obtener una imagen fotográfica brillante o conmovedora y liberarnos de la necesidad de impresionar. Esto sólo ocurre cuando practicamos una percepción pura.
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31 de enero de 2008 10:06
Por Emilio Hernández
¿por qué una misma imagen puede despertar más atención en una persona que en otra? ¿por qué una fotografía puede pasar desapercibida hoy y atraer en cambio nuestra atención en un futuro?
La subjetividad del observador es única y determinante.
El proceso de percepción de una imagen está ligado muy estrechamente con la familiarización que el observador tenga con los elementos mostrados. Dicho de otra manera, el modo en que vemos y aceptamos las fotografías depende en gran medida de las identificaciones que hagamos con imágenes pasadas que mantenemos en una especie de memoria latente.
Desde que nacemos, vamos incorporando a nuestra mente una infinidad de imágenes y hechos que, consciente o inconscientemente, quedan archivados para toda la vida. Las posteriores visualizaciones que vamos haciendo van a estar siempre condicionadas de tal manera que aceptaremos antes aquello que nos es familiar en detrimento de lo que no lo es. Lo identificable captará mas fácilmente nuestra atención y aprobación que aquello desconocido del que no guardamos referencia alguna.
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4 de enero de 2008 13:40
Por Emilio Hernández
Desde el principio de la historia de la fotografía e incluso antes, ha habido siempre dos concepciones estéticas destacadas y encontradas: pictorialismo y purismo. Desde sus inicios ha sido muy sencillo adivinar a qué movimiento se acerca más cada artista.
No es mi intención recopilar aqui datos e historia sobre estos conceptos pero sí suscitar un diálogo entre los lectores de foto36.
Para el pictorialista, la fotografía es el medio, y el arte es el fin. Los fotógrafos del pictorialismo se definen como fotógrafos y artistas en la línea de las teorías del romanticismo propias del siglo XIX, destacando la sensibilidad e inspiración de los autores y otorgando un papel secundario a los conocimientos técnicos.
Los pictorialistas en sus inicios promovían una falta de nitidez evidente en las imágenes, despreciaban la técnica y usaban material no apropiado o incluso con defectos. Su intención era alejarse de la “realidad” que la fotografía había proporcionado hasta ese momento adoptando características como borrosidad, desenfoque, marcas o suciedad en las imágenes, falta de nitidez, etc.
La fotografía purista, en contraposición al pictorialismo, rechaza cualquier tipo de manipulación del original y trata de construir una escena lo más realista y objetiva posible. Los puristas defienden la riqueza de texturas, la exactitud, definición, imparcialidad y sensación de realidad.
Yo particularmente me considero pictorialista ya que mis gustos estéticos coinciden en gran mayoría con esa falta de rigor técnico del pictorialismo e incluso disfruto con el uso de cámaras defectuosas.
¿Y tú? ¿te consideras pictorialista, purista o estás a medias?