Una curiosa decepción
6 de Mayo de 2008 11:55
Por Emilio Hernández

Anoche disfruté otra vez de mi habitual ratito de lectura previa al sueño. Estoy leyendo “Los aires difíciles” de Almudena Grandes. Reconozco y confieso que la fotografía de la portada fue un reclamo importante para escoger esa novela en lugar de otras tantas que llenaban las estanterías de la tienda. Se trata de una imagen desenfocada de dos personas (la pareja que protagoniza la novela) que pasean por una playa. Esa fotografía me gustó desde el primer momento y cada vez que cierro el libro pierdo unos segundos en volver a contemplarla. Pero ayer, y después de casi 400 páginas leídas, tuve la curiosidad de buscar el autor de dicha foto tan hermosa bajo mi punto de vista y ahí es donde me tropiezo con mi “curiosa decepción”. En la contraportada leo:
Ilustracion de la cubierta:
Fotografia de Michel Azous, tratada digitalmente por Opal.
La imagen lógicamente no deja de gustarme, al contrario, cuanto más la observo, más me gusta. Pero, ¿a quién debo felicitar? ¿Qué hizo Opal y cuánto hay de Michel Azous en esa foto?
Al margen de este detalle, la novela es 100% recomendable.
Estoy seguro de que el tratado digital se limita a dar ese tono amarillento y el marco, piensa que cualquier retoque por un tercero debe ser indicado; en este caso la indicación he equilibrado el prestigio del ambos trabajos, siendo estos nada equiparables.
Sea como sea, tan solo es una teoría, seguiremos en la incertidumbre.
No sé, no encuentro el motivo de la decepción cuando te lo dicen claramente. Uno ha hecho la foto y otro la ha tratado. El resultado es de ambos.
Si te hubieran engañado, comprendería mejor la decepción.
El mismo Castro prieto revela y positiva para otros fotógrafos.
¿De quién es la foto?
La foto es del fotógrafo. El otro lo que ha hecho es revelarla, positivarla o tratarla.
No veo engaño alguno.
Un saludo.
La foto es del que la captura, yo lo tengo claro; pero no todo el mundo piensa lo mismo. El que el nombre de Castro Prieto apareciera en una copia es un seguro de la calidad de la misma, el positivador ayuda al fotógrafo. Cada vez veo mas casos contrarios, el editor manda a una legión de fotógrafos para valerse de sus capturas y crear su producto.
A mi me parece asqueroso, mas si cabe sabiendo de gente que está bajando fotos directamente de la web para tratarlas posteriormente y reclamar su autoría. Para mi el nombre del tal Opal no debería ni aparecer y deberían haber respetado la fotografía original para la portada (aunque contara con el consentimiento del autor).
Es difícil discernir sin conocer a fondo el proceso sufrido por la obra y como la pergeñaron desde que se realiza la instantánea hasta que la imagen aparece en la portada del libro, se me antoja la cosa difícil aunque se me ocurre una reflexión: ¿un hijo de quien es más del padre o de la madre?
Creo que lleváis al extremo todo esto… En este caso creo que el resultado es producto de varios y está claramente especificado quién es quién, además así lo contempla la LDPI.
No me imagino buscando un único autor para una película, cuando está claro que es un producto de varios. Esto es como las versiones musicales, un autor la crea y otro la versiona… y no pasa nada, únicamente el segundo ha de tener el permiso del primero.
Salu2
Sí que es recomendable el libro, y la película, aunque no tiene tanta calidad narrativa, se deja ver. Lamentablemente yo tenía la edición en rústica que no trae esa foto, que la verdad es buena.
Tal como yo lo veo, “esto” no es una foto, sino la carátula o portada de un libro. El maquetador puede coger la foto -siempre con permiso del autor- y modificarla en la forma necesaria, hacerla formar parte de una ilustración, ponerla en relieve, … en fin, lo que su imaginación de de sí. El resultado final no será una foto, sino la carátula de un libro.
Es como si compran una foto tuya para hacer un cartel y luego la solarizan y la llenan de letras … ¿quién es el autor?
Bajo mi punto de vista debería haber dicho: portada de …. basada en una foto de …
Saludos.
Paco.
]]]Esto es como las versiones musicales, un autor la crea y otro la versiona… y no pasa nada, únicamente el segundo ha de tener el permiso del primero.[[[
No es necesario ningún permiso, sólo la obligacion de pagar religiosamente los derechos de autor que genere la versión
Es un derecho (dentro del apartado de derechos morales) el exigir la no alteración de una obra, así está contemplado ;) El pago o no depende de las condiciones que se fijen como en cualquier otro contrato. No he dicho que el permiso no esté remunerado (ni todo lo contrario). Esto es como cualquier bien o servicio… si el poseedor no vende, el comprador ya puede tener toneladas de euros
Yo no entiendo el motivo que te haya llevado a tal decepción. Quizás que haya sido tratada digitalmente?, y que más da. Lo que importa es que te gusta el resultado final, lo demás, para mi es simple anecdota.
El tratamiento es una simple anecdota, (excepto para puristas), si Opal no tuviese la foto, dudo que pudiese tratar nada.
Me he encontrado en el caso de tratar fotos de otras personas, pero eso no la hace mia, si no tengo una buena base poco o nada puedo hacer, por muchos angelitos negros que le pinte.
Ya me ha tocado en varias ocasiones el papel de “diseñador” de carteles u otros soportes publicitarios a partir de alguna de mis fotos y, en consecuencia, he tenido que utilizar herramientas de photoshop adecuadas para ello. Es todo un “mundo” tremendamente interesante y hasta divertido, aunque lo tomo como una post-producción de la fotografía en sí. No es por contar batallitas, pero tengo una anécdota bastante divertida al respecto:
El Festival de Jazz de Getxo me pidió una fotografía para el cartel de su XXV Aniversario; algo genérico, sin figuras claramente reconocibles. Recordé una foto de otro Festival de Jazz: un saxo alto (el de Gary Bartz) en primer plano, sobre su soporte, que tenía como fondo al contrabajista del grupo (Buster Williams). Se me ocurrió pasar el fondo a escala de grises y añadir un brillo a la boca del saxo.
Lo siguiente -después de que al responsable del Festival le gustara la imagen- fue la “pelea” con la empresa que iba a editar el cartel como tal. El creativo y yo no nos poníamos de acuerdo con algunos cambios que ellos querían hacer. En un momento determinado me dijo: “Bueno, no está mal el desenfoque gaussiano que has hecho con el fondo… Sólo lo hemos incrementado para que no se distinga nada”. A lo que contesté: “No es eso, sencillamente utilicé un diafragma 2,8… con la expresa intención de que el contorno del bajista se distinguiera”. Al final tuve que empeñarme en que la imagen elegida (ellos habían presentado otros diseños “suyos” -cosa que entrecomillo porque uno de ellos también estaba basado en otra foto que habían capturado de mi web-) había sido la mía, tal y como la había presentado. Con lo que tuvieron que bajarse de sus intenciones “gaussianas”…
La clave está, como se ha dicho antes, en el derecho a la integridad de la obra. Si has renunciado a ello por una “pasta”, nada que decir… Pero, en caso contrario, ¡Ojo con los “creativos”!
Creo que Emilio plantea un problema de fondo MUY importante: El concepto de autoría en fotografía se diluye cada vez mas engullido por la era digital.
Sería muy largo de tratar aquí, pero a grandes rasgos opino que esto no es mas que el inicio de una revolución que ya no tiene freno. Las imágenes (especialmente las fijas) parecen comportarse como un todo que se retroalimenta, adquiriendo dinámicas globales lejos de las intenciones de sus creadores (autores).
El autor se diluye en el mismo caldo que, a la vez, le alimenta.
El origen, la causa (la autoría) se traslada de algún modo del autor al medio, y reduce la intención de la imagen a la intención del ámbito donde se publica.
Creo que esto no es malo (ni bueno), pero lo que sin duda es cierto, es que debe ser interpretado, analizado y supeditado de algún modo a un marco de crítica activa por parte de los propios fotógrafos y eso, ahora, NO EXISTE.
Un saludo.
Las imágenes -creo yo- no se “comportan” en absoluto. Otra cosa bien diferente es que sean víctimas de un proceso de “apropiacionismo”, “intertextualidad gráfica”, “homenajes”, pesca y captura en el río revuelto de la universalidad de la red y el avance de los medios tecnológicos… y otros tantos fenómenos que agotan casi la posibilidad de eufemismo sobre lo que no deja de ser, por regla general, una importante falta de originalidad. No me parece, precisamente, una “revolución”. Ni tampoco es tan novedoso. Estos hechos y su justificación me hacen recordar, a veces, el discurso de Salieri con respecto a un tal Amadeus…
Esto que dices, Jose (un saludo) no creo que vaya mas allá de evidenciar la cara mas evidente de este complejo poliedro:
Lo que ocurre desde mi punto de vista es que el concepto de autoría ha quedado de algún modo obsoleto, al menos conceptualmente hablando.
La “originalidad de una obra” es ahora pura entelequia desde un punto de vista ontológico al menos; en términos económicos (derechos de autor por ejemplo), podríamos hablar de otro modo, aunque también aquí parece haber cambiado algo sustancial.
Mi opinión va mas en el sentido de proponer una actitud prospectiva y crítica ante esto, que reactiva, indolente o acomodaticia.
Respecto a si las imágenes “se comportan”, en esto niego la mayor y lo afirmo sin ninguna reserva:
La fotografía ha dejado de ser rehén de la temporalidad que su momento histórico de aparición le confirió (por accidente, desde luego) para dejar paso a su componente esencial. En mi opinión este es de naturaleza eminentemente procesual en el sentido de que el “poder” reside en el propio proceso, en sus relaciones intratextuales, mas que en sus efectos aparentes. La “apariencia” sigue siendo el principal distractor del fenómeno de la imagen, ya que la sitúa del lado del referente en lugar de devolverla a su seno, que –insisto– es el propio proceso en sí.
Quizá es difícil explicar esto de un modo conciso aquí.
Saludos.
Joseba, habría que partir de una aceptación acrítica de determinados postulados más o menos propios de una posmodernidad al uso para que tus planteamientos se encadenaran sin mayor dificultad. Sin ese hilo conductor, sin el pliegue incondicional hacia un presunto carácter difuso de la autoría y una acentuación del proceso y el medio, tu razonamiento no debería pasar de una perspectiva parcial y opinatoria. Absolutamente respetable, desde luego, pero como tal, no como verdad absoluta.
Desde mi punto de vista, entiendo la Fotografía desde una perspectiva “fenomenizada”, como la plasmación de un correlato intencional de una conciencia. De ese modo, previsualización, proceso e imagen resultante están ligadas a una intención determinada sobre la que residen conceptos como elección de forma y contenido, originalidad, finalidad, condicionantes histórico-geográfico-temporales (dijera lo que dijera el señor Fukuyama…), determinantes todos ellos desde unas coordenadas sociales y culturales de quien lleva a la práctica ese acto fotográfico.
Creo que tanto lo documental como lo conceptual o lo abstracto están implicados en esos ejes, sin poder salirse por la tangente de la “vida propia de los procesos o los constructos finales”. Una cosa es “Blow Up” (o su origen literario: “Las babas del Diablo”) y otra el viejo debate sobre los “Universales”, que ya tuvieron hace siglos una buena “pasada” por el filo de la navaja de Guillermo de Ockham.
Y es que si nos atenemos a la explicación más sencilla (pero no por ello acomodaticia ni indolente), lo que sucede hoy en día no es más que “mercado e ideología dominante”…